Los ladrones del tiempo

La sensación de ir con la lengua fuera es algo que es común a muchas personas, pero si lo extrapolamos al ámbito de los emprendedores, esta situación se acentúa mucho más. No se trata sólo de asistir reuniones de todo tipo, trabajar en la búsqueda de financiación, la organización del propio proyecto, la búsqueda de colaboradores y equipo humano que se adapte a las necesidades iniciales y, especialmente, vender las bondades de la idea de negocio. Es mucho más. Hay que compaginarlo con la vida personal, el descanso y el ocio.

Si el emprendedor no es capaz de encontrar tiempo para coger aire fuera de la intensidad con la que vive todos estos meses de preparación antes del lanzamiento de la empresa, es que está haciendo algo mal. Tiene que revisar cómo planifica su día a día, para ver en qué momentos es posible arañar tiempo, con el fin de utilizarlo en provecho de su círculo familiar y social y para su descanso. Ser capaz de examinarse a sí mismo con sinceridad para detectar dónde, cuándo y por qué se originan estas pérdidas de tiempo. Una vez realizado este análisis personal, el emprendedor se encontrará que realmente sí es posible sacar tiempo. Una hora, una hora y media e incluso más de dos horas se le van en acciones rutinarias que se han tomado como hábito, pero que ni inciden en la mejora del proyecto, ni en la de su calidad de vida. Todas estas situaciones que no aportan nada, sino que van en contra directamente de su descanso reciben el nombre en los entornos empresariales de ladrones de tiempo.

Los ladrones de tiempo son muy comunes a todas las personas. El emprendedor que ha realizado este análisis detectará que los suyos serán normalmente éstos:

  • Mirar de forma compulsiva el correo electrónico: Si el emprendedor está centrado en una tarea durante un buen rato, mirar de forma compulsiva el correo es una distracción peligrosa. Abandona lo verdaderamente importante, realizar la tarea, por contestar mails, que realmente no pasa nada, si se contestan dos o tres horas más tarde
  • Reuniones improductivas: Asistir a reuniones eternas en las que no se saca nada en claro es agotador. Las reuniones tienen que ser una solución a un problema o para abordar un objetivo concreto con un fin: un nuevo proyecto, una nueva línea de negocio, etc. Una reunión jamás puede ser un problema en sí misma.
  • Internet y las Redes Sociales: Evidentemente que son dos herramientas excepcionales para nuestro trabajo, pero si el emprendedor entra constantemente a la portada de su site favorito o su perfil de Twitter sin ningún por qué, es algo que seguro le distraerá de lo que está haciendo.
  • Las llamadas de teléfono eternas que no sirven para aclarar nada. Simplemente, hablar por hablar.
  • Mala organización: Pretender ser un emprendedor multitarea, que en una mañana de trabajo es capaz de hacer 20 cosas bien es una quimera. Abarcarlo todo es hacerlo casi todo mal. Es mejor repartir la tarea a lo largo del tiempo útil que se va a tener para realizarlo.

Estos ladrones de tiempo son los más comunes. Detectarlos y mitigarlos es la base para convertirse en un emprendedor capaz de aprovechar el tiempo y disfrutarlo.