¿Lo estoy haciendo bien?

Una de las cuestiones que más preocupan a cualquier emprendedor es saber si lo está haciendo bien. Si la inversión realizada, el sacrificio, el esfuerzo y las horas de trabajo están dando los resultados esperados. ¿Cómo es posible saberlo? No se trata de la evaluación verbal que puede hacer sobre el proyecto una persona de confianza del emprendedor, que atesora la suficiente experiencia y talento como para dar una opinión con fundamento. Ni tampoco de los datos y estadísticas que proporcionan al emprendedor los sistemas de gestión, que a menudo pueden ser demasiado fríos y crueles con sus ambiciones e ilusiones. Hablamos de ese pálpito interno que tiene todo emprendedor cada vez que se interroga sobre su papel en la empresa, sobre el futuro de lo que está creando y si realmente lo que está construyendo es lo que le apetece, lo que le gusta y lo que esperaba que fuera su empresa.

Para ello, es importante que el emprendedor tenga muy claro qué es lo que quiere conseguir con el proyecto: ¿Satisfacción personal? ¿Dinero? ¿Dar rienda suelta a sus sueños? ¿Un espacio para crear y trabajar? ¿Ser su propio jefe? ¿Aplicar la experiencia de tantos años como trabajador por cuenta ajena? ¿Generar valor y riqueza en su tierra? ¿Ser capaz de aplicar nuevos procesos productivos en lo que hasta ahora se había hecho? ¿Desarrollar servicios y productos que de verdad sabe que son innovadores? Etcétera. Una serie de parámetros e indicadores que variarán siempre en función del emprendedor. Cuestiones personales y exclusivas de cada emprendedor. Se trata de que éste examine en su fuero interno y sepa realmente qué es lo que quiere. La aventura de emprender es ardua y compleja, una carrera a largo plazo, que genera satisfacciones y alegrías en la medida que el emprendedor esté haciendo realmente lo que le gusta.

El emprendedor debe extraer conclusiones y aplicar las consiguientes soluciones para la marcha del proyecto en muchos niveles. Ya sea sobre cómo funciona el engranaje interno de la empresa, la calidad de los productos y servicios desarrollados, el conocimiento de las expectativas del mercado, el futuro de la empresa o su capacidad para adaptarse a las necesidades económicas imperantes en cada momento. Pero especialmente el emprendedor jamás debe olvidarse de interrogarse sobre qué es lo que él quiere y le apetece en beneficio del negocio.

La salud emocional y vital del emprendedor es un asunto de capital importancia. Un emprendedor deprimido, desganado, sin ganas de ir a trabajar es un líder incapaz de motivar a su equipo de trabajo, de seducir a los inversores y de convencer con argumentos sólidos a los clientes. La salud de la empresa también se verá seriamente comprometida. Un emprendedor en esta encrucijada acabará tarde o temprano abandonando lo que tanto esfuerzo le ha costado. Se impone, por tanto, que el emprendedor utilice estos indicadores personales de satisfacción a modo de examen, de forma que pueda extraer conclusiones concretas y sinceras sobre su estado emocional y compromiso con su propio negocio. Es la forma de saber si se siente realizado, satisfecho y con ganas de seguir mejorando. Una de las claves de que las empresas vayan a más.