El proyecto perfecto

Al igual que los novios con los detalles en la celebración de su boda, el emprendedor puede caer bajo el influjo del síndrome de la perfección. Mientras que para los novios la inminente fecha de la boda, hace que tengan que ir cerrando los detalles como sea, para el emprendedor el que no haya una fecha concreta para que su empresa sea una realidad, provoca que este síndrome sea más peligroso para él. Evidentemente el proyecto tiene que estar en marcha cuando reúna los requisitos de competitividad, financiación, plan de empresa y comercialización necesarios para hacerlo, pero muchas veces el día a día, hace que el emprendedor tenga la tentación de “recrearse en la jugada”. Es decir, centrarse en cuestiones baladíes a las que se les concede una gran importancia y que en ese estado de perfección, parece que si no están resueltas, la empresa no puede ver la luz.

En el mundo actual, el emprendedor debe saber que los proyectos jamás tendrán un acabado completo y perfecto, las mejoras son continuas y constantes. Mejoras que en ocasiones se las proporcionarán los clientes, su equipo de trabajo, colaboradores o, incluso, hasta en una charla trivial sobre la actualidad política del país. El deber del emprendedor es estar alerta para detectar cuándo algo no funciona y qué hay que hacer para solucionarlo. Tener la suficiente agilidad para no caer en la auto-complacencia.

La perfección no se halla en las horas que uno pase en la oficina puliendo el proyecto. Se trata de volver a los orígenes empresariales: en la pura satisfacción de un cliente. Que tenga ganas no sólo de volver a comprar, sino conseguir que ese cliente se convierta en un embajador del proyecto. Se trata de que halla unos inversores contentos con la financiación aportada y con deseos de incrementarla. Y en suma, se trata de un proyecto con visos de tener una mayor cuota de mercado.

El camino del emprendimiento está lleno de trabas externas, que son imposibles de controlar por parte del emprendedor. Lo que sí puede hacer es tener paciencia y capacidad de resolución ante ello. Son sus mejores armas para combatir a esos enemigos externos. Lo que debe evitar es que en este camino sean las trabas internas las que dicten la marcha del proyecto. Son trabas más difíciles de detectar, porque proceden de él mismo, de sus obsesiones de hacerlo de forma única y genial, de ser el creador de la empresa perfecta con los productos y servicios más originales nunca vistos antes. Un sueño ambicioso, que hará que el emprendedor siempre tenga el afán de mejorar, pero que no debe hacer que los detalles sean más importantes que el objetivo esencial: poner en marcha un proyecto empresarial competitivo.

¿Lo estoy haciendo bien?

Una de las cuestiones que más preocupan a cualquier emprendedor es saber si lo está haciendo bien. Si la inversión realizada, el sacrificio, el esfuerzo y las horas de trabajo están dando los resultados esperados. ¿Cómo es posible saberlo? No se trata de la evaluación verbal que puede hacer sobre el proyecto una persona de confianza del emprendedor, que atesora la suficiente experiencia y talento como para dar una opinión con fundamento. Ni tampoco de los datos y estadísticas que proporcionan al emprendedor los sistemas de gestión, que a menudo pueden ser demasiado fríos y crueles con sus ambiciones e ilusiones. Hablamos de ese pálpito interno que tiene todo emprendedor cada vez que se interroga sobre su papel en la empresa, sobre el futuro de lo que está creando y si realmente lo que está construyendo es lo que le apetece, lo que le gusta y lo que esperaba que fuera su empresa.

Para ello, es importante que el emprendedor tenga muy claro qué es lo que quiere conseguir con el proyecto: ¿Satisfacción personal? ¿Dinero? ¿Dar rienda suelta a sus sueños? ¿Un espacio para crear y trabajar? ¿Ser su propio jefe? ¿Aplicar la experiencia de tantos años como trabajador por cuenta ajena? ¿Generar valor y riqueza en su tierra? ¿Ser capaz de aplicar nuevos procesos productivos en lo que hasta ahora se había hecho? ¿Desarrollar servicios y productos que de verdad sabe que son innovadores? Etcétera. Una serie de parámetros e indicadores que variarán siempre en función del emprendedor. Cuestiones personales y exclusivas de cada emprendedor. Se trata de que éste examine en su fuero interno y sepa realmente qué es lo que quiere. La aventura de emprender es ardua y compleja, una carrera a largo plazo, que genera satisfacciones y alegrías en la medida que el emprendedor esté haciendo realmente lo que le gusta.

El emprendedor debe extraer conclusiones y aplicar las consiguientes soluciones para la marcha del proyecto en muchos niveles. Ya sea sobre cómo funciona el engranaje interno de la empresa, la calidad de los productos y servicios desarrollados, el conocimiento de las expectativas del mercado, el futuro de la empresa o su capacidad para adaptarse a las necesidades económicas imperantes en cada momento. Pero especialmente el emprendedor jamás debe olvidarse de interrogarse sobre qué es lo que él quiere y le apetece en beneficio del negocio.

La salud emocional y vital del emprendedor es un asunto de capital importancia. Un emprendedor deprimido, desganado, sin ganas de ir a trabajar es un líder incapaz de motivar a su equipo de trabajo, de seducir a los inversores y de convencer con argumentos sólidos a los clientes. La salud de la empresa también se verá seriamente comprometida. Un emprendedor en esta encrucijada acabará tarde o temprano abandonando lo que tanto esfuerzo le ha costado. Se impone, por tanto, que el emprendedor utilice estos indicadores personales de satisfacción a modo de examen, de forma que pueda extraer conclusiones concretas y sinceras sobre su estado emocional y compromiso con su propio negocio. Es la forma de saber si se siente realizado, satisfecho y con ganas de seguir mejorando. Una de las claves de que las empresas vayan a más.

Los ladrones del tiempo

La sensación de ir con la lengua fuera es algo que es común a muchas personas, pero si lo extrapolamos al ámbito de los emprendedores, esta situación se acentúa mucho más. No se trata sólo de asistir reuniones de todo tipo, trabajar en la búsqueda de financiación, la organización del propio proyecto, la búsqueda de colaboradores y equipo humano que se adapte a las necesidades iniciales y, especialmente, vender las bondades de la idea de negocio. Es mucho más. Hay que compaginarlo con la vida personal, el descanso y el ocio.

Si el emprendedor no es capaz de encontrar tiempo para coger aire fuera de la intensidad con la que vive todos estos meses de preparación antes del lanzamiento de la empresa, es que está haciendo algo mal. Tiene que revisar cómo planifica su día a día, para ver en qué momentos es posible arañar tiempo, con el fin de utilizarlo en provecho de su círculo familiar y social y para su descanso. Ser capaz de examinarse a sí mismo con sinceridad para detectar dónde, cuándo y por qué se originan estas pérdidas de tiempo. Una vez realizado este análisis personal, el emprendedor se encontrará que realmente sí es posible sacar tiempo. Una hora, una hora y media e incluso más de dos horas se le van en acciones rutinarias que se han tomado como hábito, pero que ni inciden en la mejora del proyecto, ni en la de su calidad de vida. Todas estas situaciones que no aportan nada, sino que van en contra directamente de su descanso reciben el nombre en los entornos empresariales de ladrones de tiempo.

Los ladrones de tiempo son muy comunes a todas las personas. El emprendedor que ha realizado este análisis detectará que los suyos serán normalmente éstos:

  • Mirar de forma compulsiva el correo electrónico: Si el emprendedor está centrado en una tarea durante un buen rato, mirar de forma compulsiva el correo es una distracción peligrosa. Abandona lo verdaderamente importante, realizar la tarea, por contestar mails, que realmente no pasa nada, si se contestan dos o tres horas más tarde
  • Reuniones improductivas: Asistir a reuniones eternas en las que no se saca nada en claro es agotador. Las reuniones tienen que ser una solución a un problema o para abordar un objetivo concreto con un fin: un nuevo proyecto, una nueva línea de negocio, etc. Una reunión jamás puede ser un problema en sí misma.
  • Internet y las Redes Sociales: Evidentemente que son dos herramientas excepcionales para nuestro trabajo, pero si el emprendedor entra constantemente a la portada de su site favorito o su perfil de Twitter sin ningún por qué, es algo que seguro le distraerá de lo que está haciendo.
  • Las llamadas de teléfono eternas que no sirven para aclarar nada. Simplemente, hablar por hablar.
  • Mala organización: Pretender ser un emprendedor multitarea, que en una mañana de trabajo es capaz de hacer 20 cosas bien es una quimera. Abarcarlo todo es hacerlo casi todo mal. Es mejor repartir la tarea a lo largo del tiempo útil que se va a tener para realizarlo.

Estos ladrones de tiempo son los más comunes. Detectarlos y mitigarlos es la base para convertirse en un emprendedor capaz de aprovechar el tiempo y disfrutarlo.

Invertir en Marketing Digital

Cualquier proyecto que empieza necesita de una estrategia de marketing para dar a conocer las bondades del empresa que nace y como refuerzo para la venta de sus productos y servicios. Dentro de las cuatro herramientas que vertebrarán esta estrategia, se encuentra la inversión en publicidad y comunicación.

En el contexto actual de crisis, las empresas han optado por disminuir su apuesta económica por la publicidad y comunicación tradicional (anuncios en prensa, spots de TV, cuñas de radio y eventos para promocionar la marca y presentar nuevos productos y fidelizar a clientes y partners) para centrarse más en el marketing 2.0, es decir, el marketing online, propio de la publicidad en Internet y en las redes sociales. Tanto es así, que las cifras de inversión publicitaria en Internet en España no dejan de crecer año tras año. De hecho, en el año 2012 la inversión publicitaria en Internet creció un 12,6%, alcanzando la cifra de 899,2 millones de euros, convirtiéndose ya en la tercera actividad por volumen de ingresos (sólo superada por la TV y el sector del cine y el vídeo), superando por primera vez la inversión que destinan las empresas a anunciarse en la prensa escrita.

Teniendo clara esta tendencia, hay un error que muchas empresas y pymes están cometiendo y es destinar todos sus recursos a una estrategia sólo de marketing online, nada de invertir en acciones de comunicación y publicidad tradicionales. Parece que eso ya no vale. Muchas de estas empresas, han creído que por actualizar todos los días su FanPage de Facebook o tuitear a todos horas iban a vender más. Craso error. Cualquier acción de marketing, ya sea off u on line, busca realizar el efecto de amplificar la marca, de dotarla de una mayor presencia. Cautivar al mercado es algo que tienen que conseguir los productos y servicios de esa empresa, ya sea por su valor diferencial con la competencia, calidad, precio, satisfacción y capacidad de generar experiencias únicas, que permitan que los clientes vuelvan a comprar otra vez o que se conviertan, por ejemplo, en fanboys de marcas que todos tenemos en mente.

Si el emprendedor va a realizar una estrategia de inversión en marketing on line ajustada a su presupuesto y tamaño, debe tener claro que no puede desligarla de una apuesta en marketing off y on line, y que ambas deben trabajar bajo el paraguas de una estrategia global. Cada una de ellas utilizará sus recursos, lenguaje y forma de llegar a la audiencia. Además, esta estrategia global debe ahondar en las mismas claves de creatividad e innovación que el emprendedor aplica en el día a día a su proyecto, de forma que pueda sorprender a la audiencia y a los potenciales clientes. Las rutinas son muy peligrosas en las estrategias de marketing, se corre el riesgo de aburrir y cansar a la audiencia. A su vez, el emprendedor debe tener claro los tiempos y plazos para conseguir sus objetivos, ya que los expertos estiman que cualquier inversión en marketing online para ser exitosa necesita un plazo aproximado de seis meses a un año.

Somos seres sociales, que nos dejamos aconsejar por la gente que nos rodea: amigos, compañeros de trabajo, familia. A ellos les contamos lo que nos compramos, lo mal que nos funciona el móvil, nuestros viajes, cómo va el coche nuevo o qué tal nos atendieron en el restaurante que nos aconsejaron. De ahí, radica el éxito del crecimiento del marketing on line. “Puedes comprar la atención (publicidad). Puedes pedir atención a los medios (relaciones públicas). Puedes ‘incordiar’ de vez en cuando a la gente para lograr atención (ventas). O puedes ganar atención creando algo interesante y valioso y publicándolo después gratis en internet” (David Meerman Scott, especialista en marketing).